Historia

 

Tranvía

Cuando en Bizkaia no existía la más remota idea de lo que era el metro, circulaban por el territorio numerosas líneas de tranvías que comunicaban el centro de Bilbao con barrios y pueblos periféricos.

Sin lugar a dudas, el tranvía más famoso de todos era el que partiendo de la plaza del Teatro Arriaga, se dirigía a Lemona, punto donde se bifurcaba por una parte hacia Durango y por otra hasta Zeanuri. Era el Tranvía de Arratia.

En un primer momento, se pensó la construcción de un tranvía a vapor. Pero, por suerte, se modificó el proyecto original, por Real Orden del 22 de febrero de 1900, y se decidió la construcción de un tranvía eléctrico, que evitara el “espectáculo” sucio y ruidoso que hubiera supuesto el paso de pequeñas locomotoras de vapor por las principales calles de las localidades atravesadas.

El 7 de diciembre de 1902 entraba en servicio el tranvía de Bilbao a Durango y Arratia, prestando servicio tanto de viajeros como de mercancías. Su ancho de vía era de 1,365 mts., medida poco utilizada en el mundo, ya que lo habitual era la vía métrica (como sucede actualmente en el Metro de Bilbao o en Eusko-Tren) o el ancho internacional (1,44).

Desde un principio, el tranvía de Arratia estableció una fuerte competencia con la Compañía del Ferrocarril Central de Vizcaya, que desde 1882 unía la bilbaína estación de Atxuri con Durango. Ambas empresas entablaron a partir de 1903 una guerra de tarifas, que motivó graves quebrantos económicos a las compañías explotadoras y que terminó con la compra del tranvía de Arratia por dicha compañía.

Durante muchos años, los grandes tranvías de Arratia siguieron circulando, sin sufrir apenas modificaciones ni mejoras de importancia. Finalizada la guerra civil comienza una lenta agonía iniciada con la supresión del tramo Amorebieta- Durango, seguida de otros como el de Lemoa-Amorebieta y Bilbao-Lemoa.

Finalmente en 1964 se suprimía el último tramo entre la estación de los Ferrocarriles Vascongados en Lemoa y Zeanuri. Sus cocheras, ubicadas en Lemoa, fueron reutilizadas hasta hace muy pocos años por los autobuses que lo suplantaron.

De sus hermosos tranvías, tanto para el servicio de viajeros como el de mercancías, cuya estética recordaba a los grandes interurbanos norteamericanos que aparecen en las películas de Harold Lloyd, no quedó rastro alguno al ser desguazados poco después de su jubilación.

Descanse en paz.

(Información facilitada por Juanjo Olaizola, Director del Museo Vasco del Ferrocarril)